RIMA XVIII

Fatigada del baile, encendido el color,
breve el aliento, apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.

Como cuna de nácar
que empuja al mar y que acaricia el céfiro
tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.

¡Oh! ¡Quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!

¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!

RIMA XVI

Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón, crees que suspirando pasa el viento
murmurador, sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo..Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor, crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz, sabe que, entre las sombras que te cercan
te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón, al sentir en tus labios un aliento
abrasador, sabe que, aunque invisible,
al lado tuyo respiro yo.

RIMA XV

Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.

Tú, sombra aérea que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul.

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.

Del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,

Eso soy yo.
¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día
yo, que incansable como demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

RIMA XIV

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha obscura, orlada en el fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista fijo,
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por mis ojos
pero a donde me arrastran, no lo sé.

RIMA XIII

Tu pupila es azul,
y cuando ríes, su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece, en el cielo de la tarde,
¡una perdida estrella!

RIMA XII

Porque son niña,
tus ojos verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las huris del profeta.

El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera;
entre sus siete colores
brillante el Iris lo ostenta.

Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano,
y el laurel de los poetas.

Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta
en que el carmín de los pétalos
se ve a través de las perlas

Y, sin embargo, sé que te quejas,
porque tus ojos crees que la afean:
pues no lo creas;
que parecen tus pupilas,
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro,
que al soplo del aire tiemblan.

Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta,
que en el estío convida
a apagar la sed en ella.
Y, sin embargo, sé que te quejas,

porque tus ojos crees que la afean:
pues, no lo creas que parecen,
si enojada tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.

Que, entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro,
que un blanco armiño sujetan.

Que, entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro,
que un blanco armiño sujetan.

RIMA XI

  • Yo soy ardiente, yo soy morena,
    yo soy el símbolo de la pasión;
    de ansia de goces mi alma está llena;
    ¿a mí me buscas?
    -No es a ti; no
  • Mi frente es pálida; mis trenzas de oro
    puedo brindarte dichas sin fin;
    yo de ternura guardo un tesoro;
    ¿a mí me llamas?
    -No; no es a ti.
  • Yo soy un sueño, un imposible,
    vano fantasma de niebla y luz;
    soy incorpórea, soy intangible;
    no puedo amarte.
    -¡ Oh, ven; ven tú!
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