Las primeras veces no siempre son bonitas. Leí la sombra del viento cuando tenía 17 años y cuando tocaba contestarme si había disfrutado de aquella lectura y por qué. Me decía que sí, que la había disfrutado, pero que se me hizo un poco tediosa. Recuerdo pensar que lo tedioso era porque, a mi parecer, se hacían muchas descripciones metafóricas del exterior, la atmósfera. Esa primera vez fue como un encuentro amor-odio, agridulce. En todo caso, me era imposible decir que no me había gustado. Tenía algo. Me había encontrado con un libro distinto. Con un libro que me miró a la cara y sonrió. Me había escogido y yo me rehusé a escucharle. La segunda vez fue distinta.
Con la posguerra en Barcelona como telón de fondo, Zafón nos relata con una narrativa impecable la historia de Daniel Sempere. Quien se levanta una madrugada anunciando que ha olvidado el rostro de su madre. Aquella misma mañana su padre, librero de familia y vocación, lo lleva a visitar el cementerio de los libros olvidados: un lugar mágico y escondido donde se hallan libros que parecen haber sido desechados por la vida. Las reglas de aquel paraje eran sencillas: mantener en secreto la existencia del sitio en cuestión, escoger un libro y cuidarlo. Daniel se hace con uno llamado “La sombra del viento” de un tal Julián Carax. Pasa la madrugada leyéndolo y descubriéndose a él mismo dentro de aquellas letras. “Los libros son espejos, solo hay en ellos lo que ya llevamos dentro”

En búsqueda de otros libros del autor, Daniel queda con más preguntas que respuestas y con el enigma de Julián Carax bombeando en su cabeza. Después de ahí, se empeña en investigar la vida del autor que había sido capaz de provocarle tantas emociones con su obra. El aura que rodea a los personajes se torna más sombría. Se nos adentra en historias de odio, amistad y de un amor trágico que viaja a través del tiempo tomando diferentes caminos dentro de las venas de todos los implicados, convergiendo así en un nudo trepidante y un final épico que continúa en los otros libros de la serie del cementerio de los libros olvidados.
“Pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que se abre camino hasta su corazón”.
La sombra del viento es una proclamación de amor al arte, a la literatura. Da la impresión de que Carlos Ruiz Zafón escogió con suma precisión cada palabra que estaba dentro del libro. Narrativa impecable y exquisita. Tuve la facilidad de adentrarme por completo en la lectura conociendo así a personajes entrañables como Fermín Romero de Torres o al mismo Daniel Sempere. El autor pinta y nos susurra al oído en esta, su obra, el amor que siente por la literatura. Recomiendo de corazón este libro y todos los de la serie: El juego del ángel, el prisionero del cielo y finalmente, El laberinto de los espíritus.
Aclaración: por alguna razón, lo que consideré tedioso la primera vez que leí el libro fue de mis cosas favoritas la segunda, tercera y cuarta vez.